En los últimos años, algunos países de América Latina se han decantado por ir incrementado al precio de los cigarrillos para nutrir las finanzas públicas y atender las enfermedades derivadas del tabaquismo. Sin embargo, la delincuencia encontró una mina de oro en el contrabando de cajetillas a través de sobornos, falsificando documentos y aprovechando las debilidades institucionales.
Esta investigación descubrió que el 40% de los cigarrillos consumidos en Honduras y Guatemala provienen del tráfico ilegal. Los cargamentos salen por barco desde China para dirigirse a las costas de Belice. Ya en tierra, la delincuencia mueve los cigarrillos por Centroamérica. Los números no mienten: tan solo en el 2022, las autoridades beliceñas permitieron la importación de 65.3 millones de cajetillas. Esto equivaldría a que cada ciudadano beliceño, incluidos los bebés, pagaran 160 dólares anules por tabaco, algo prácticamente imposible.