Una vez casi me muero”, recuerda Lorgio Ñaupas, quien tiene ocho años fumigando campos de Algodón Inca, con apenas un trapo envuelto en el rostro. La delgada tela ha sido su única protección, en una de las tareas más riesgosas por la manipulación de pesticidas y otros productos agroquímicos. Nunca ha tenido una mascarilla y, menos aún, lo han capacitado.
En Perú, las licencias para pesticidas se otorgan sin fecha de vencimiento, lo que impide revisar periódicamente sus riesgos con base en evidencia científica. La multinacional Syngenta ha sabido aprovechar este hoyo negro para vender 42 químicos prohibidos en la Unión Europea y en Suiza, su país de origen. Otras cinco sustancias, vetadas en China, también han sido de uso común en los campos de algodón peruanos. Los testimonios y los datos conseguidos en esta investigación periodística son demoledores.